25/5/09

Un dia en la vida de Clara(4): el regreso

Clara vuelve a casa tras un largo e intenso viaje por la realidad.
Se encuentra con problemas, su familia ha descubierto sus secretos más oscuros. Las palabras de sus padres la asfixian tanto que llega un punto en el que ya no las escucha.
No sale ni tiene ningún medio de comunicación con sus amigos, por tanto, según sus padres, ya no bebe, no fuma y, sobre todo, no folla. Eso es lo que ellos piensan, pero Clara ya no puede vivir sin fumar un porro de vez en cuando.
Pasan lentos los días, los minutos y los segundos; cada uno de ellos es más lento que el anterior y no sabe que hacer. El tiempo la consume, se aburre, se agobia, llora, grita, pega a las paredes… “No puedo seguir así”, piensa atrapada en su pequeña habitación.
Necesita respirar aire nuevo, que no esté contaminado con los silencios, las lágrimas ni la tensión permanente.
Se pone la primera ropa que pilla y sale de casa sin decir nada.
Camina tranquilamente hacia su refugio personal. Su pelo dorado refleja los rallos del sol de media tarde, se detiene en medio de la acera y mira al cielo azul. Una bandada de pájaros lo surca de un lado a otro, libres. Clara los envidia, poner los brazos en cruz, cierra los ojos, respira y gira sobre sí misma. Permanece así durante unos segundos, finalmente se detiene y continúa su camino como si nada hubiera cambiado, pero realmente hay una cosa que si ha cambiado. Clara se siente bien, por unos instantes ha estado más cerca de su ansiada libertad.
Llega a su destino, el parque. Busca un banco escondido entre los árboles y se sienta. Saca el instrumental y se lía un porro, lo enciende, se tumba en el banco y aspira profundamente el humo.
No sabe muy bien cuando tiempo lleva allí tumbada, sin hacer nada, sin pensar en nada, sin ni siquiera moverse. Sólo sabe que durante unos minutos, o quizás horas, la nube negra que se posaba sobre ella ha desaparecido.
De repente, una pregunta aparece en su mente: “¿Vuelvo a casa o me busco la vida por ahí?” Clara pasa un tiempo pensando, tanto que incluso se ha dormido en el banco, con la chusta en su mano derecha.
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Han pasado los días y aun no ha vuelto a casa y, como de costumbre, Clara se encuentra en el parque. Sola.
De fondo se oyen palmas y cantos flamencos, “que asco de chonis, cada vez hay mas…”
Nubes de humo… una vez más se sumerge en un atisbo de libertad. Expulsa el humo de sus pulmones y piensa: “Libertad… Libertad… La deseo… Libertad…” Clara comienza a gritar mientras mira al cielo con los ojos cerrados y los puños apretados.
- ¡¡ Libertad, libertad, libertad!! ¡¡ Jodida represión!! ¡¡Maldito sistema!!

Se oyen voces, unas suenan asustadas, otras deliberan sobre su locura, y algunas contradicen sus gritos.
Suspira. Abre los ojos lentamente. Observa el color de los árboles, son de distintas tonalidades de verde, el sol penetras entre sus ramas. Ahora se siente feliz, ligera como uno de esos pájaros que surcan el cielo al atardecer.
Se levanta del bando y se dirige hacia un trozo de césped. La gente la mira con expresiones despectivas, pero a ella le da igual.
Llega al césped, se tumba.
Una nueva nube de humo identifica su lugar.
Pasado un rato recuerda un rostro y una voz. Es el chico de los piercings, “¿Qué habrá sido de el?”. Decide no darle mas vueltas al asunto, seguramente no vuelva a verle.
Y ahí esta Clara, tumbada en el césped, fumando y cagándose en la sociedad.
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Quizás continue.

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